por Eduardo Ocejo
Es la historia favorita del ‘romance’ contemporáneo. Sus personajes, los mismos de hace varios siglos. La obra, una representación verdaderamente añeja, que no obstante se escenifica nuevamente día con día, de pies a cabeza. Personas comunes y corrientes, en inocente ignorancia de la encomienda introyectada, interpretan como expertos dramaturgos el guión ancestral. Es así que aún en nuestros tiempos el drama puede correr fresco tanto en los flamantes adolescentes como en las parejas teóricamente cimentadas por el tiempo.
