02 julio 2011

Don't Worry Be Sad




Cuando estás viviendo un momento difícil la gente a la que estimas se acerca para ayudarte. Puede que en un primer momento te digan que lo dejes salir, que lo expreses: Llorar es bueno, le hace bien a tu corazón y a tu cuerpo. ¡Está bien desahogarse! Pero tan sólo unos minutos, o casi segundos después, regresamos inadvertidamente a la programación habitual. Los buenos deseos llegan en avalancha. Comienzan los intentos de consolar al otro, o a uno mismo, y la tristeza es sepultada.

La sociedad EXIGE personas felices y productivas. No es cierto que se pueda andar fácilmente por la vida sintiéndose mal. Las intenciones que enviamos a los otros para que pronto se sientan mejor, en pocas palabras de que se les quite, aún siendo de buena fe envían constantemente el mensaje opuesto. De la misma forma lo hacen tantos estímulos que pretenden ayudarnos a vivir mejor y disfrutar más. Únicamente quien vive de esa forma está bien adaptado y sabe cómo vivir. El sufrimiento, omnipresente como puede ser si uno se empeña en encontrarlo, es estigmatizado. ¿En esas circunstancias, quién podría creer necesario un recordatorio de que se puede estar triste?