29 septiembre 2011

El Drama de la Infidelidad




Es la historia favorita del ‘romance’ contemporáneo. Sus personajes, los mismos de hace varios siglos. La obra, una representación verdaderamente añeja, que no obstante se escenifica nuevamente día con día, de pies a cabeza. Personas comunes y corrientes, en inocente ignorancia de la encomienda introyectada, interpretan como expertos dramaturgos el guión ancestral. Es así que aún en nuestros tiempos el drama puede correr fresco tanto en los flamantes adolescentes como en las parejas teóricamente cimentadas por el tiempo.


No se ve cercano el día en que la sociedad se canse de la infidelidad. Mientras tanto esta basura emocional usurpa en gran medida las manifestaciones culturales referentes al amor, al menos en cuanto a lo que se encuentra más difundido y accesible socialmente. ¿Pero qué es lo que obtiene la gente con esta cantaleta? Claramente algo en las relaciones no está funcionando, pero aparentemente somos demasiado aferrados como para poderlo entender. En vez de eso se concentra la atención en los pormenores del engaño, en ridículas intenciones de ‘autocontrol’ o, al contrario, de transgredir el pacto realizado, entre muchas otras configuraciones del tema. Basta leer un ejemplo del repetitivo dialogo superficial que se lleva a cabo habitualmente.


La sociedad vuelve a este tema como las moscas a un vidrio, y disfrutando el dolor. Aunque se pudiera culpar a las grandes empresas de medios, algo existe en la gente que hace factible presentar constantemente una misma cadena de sucesos, con éxito comercial en cada ocasión. Solía pensar que todo se ha dicho ya sobre la infidelidad, pero es evidente que nos está haciendo falta alguna realización mayor. Con las estructuras alternativas de relación se busca loablemente darle la vuelta a esta problemática, sin embargo, la experiencia parece probar que la enseñanza es demasiado profunda como para sortearla por completo con un simple cambio de forma. Es un avance, pero definitivamente no la solución completa a esta dificultad.

Por el momento lo único a mi disposición es rechazar todo acercamiento al tema. No tiene ninguna utilidad abundar en él dentro de las relaciones interpersonales, mucho menos exponerse voluntariamente al vómito audiovisual que pretende abordarlo. Tal vez conforme aprendamos a establecer vínculos más considerados entre las personas, automáticamente perderemos las necesidades internas (validación, control y muchas otras) que nos llevan constantemente a meternos el pie unos a otros.


Imágenes tomadas de aquí y aquí.

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