por Eduardo Ocejo
Cuando estás viviendo un momento difícil la gente a la que estimas se acerca para ayudarte. Puede que en un primer momento te digan que lo dejes salir, que lo expreses: Llorar es bueno, le hace bien a tu corazón y a tu cuerpo. ¡Está bien desahogarse! Pero tan sólo unos minutos, o casi segundos después, regresamos inadvertidamente a la programación habitual. Los buenos deseos llegan en avalancha. Comienzan los intentos de consolar al otro, o a uno mismo, y la tristeza es sepultada.La sociedad EXIGE personas felices y productivas. No es cierto que se pueda andar fácilmente por la vida sintiéndose mal. Las intenciones que enviamos a los otros para que pronto se sientan mejor, en pocas palabras de que se les quite, aún siendo de buena fe envían constantemente el mensaje opuesto. De la misma forma lo hacen tantos estímulos que pretenden ayudarnos a vivir mejor y disfrutar más. Únicamente quien vive de esa forma está bien adaptado y sabe cómo vivir. El sufrimiento, omnipresente como puede ser si uno se empeña en encontrarlo, es estigmatizado. ¿En esas circunstancias, quién podría creer necesario un recordatorio de que se puede estar triste?
Parecemos existir bajo el implícito de que nuestra única misión es acumular “horas de felicidad” para que nuestra vida valga la pena. Esta nueva medida de éxito pretende reemplazar al dinero y el estatus pero es igual de opresiva. Mi papá diría - sólo a los tontos les va mal – frase lapidaria que sintetiza la negativa a reconocer otras circunstancias como igualmente válidas. La persona que continuamente se muestra en estados emocionales considerados negativos es alguien sin herramientas personales, alguien que no sabe hacerla en la vida.
Tal vez por eso fue tan refrescante encontrarme con lo que alguien hizo a este espectacular:

Normalmente me hubiera desagradado un comportamiento como el de quien pegó la estampa, pero en este caso me sentí reivindicado. Fui liberado del juicio de ese mensaje, dándome permiso para no ser el chico perfecto de la foto y para sentir que no soy un desperdicio sólo por no estar viviendo ‘momentos para toda la vida’; eso que empresas como Telcel nos obligan a tragarnos día y noche con su publicidad. Es evidente que el mundo destilado de su tristeza es atractivo en un inicio, pero inevitablemente falso.
Propongo que combatamos el tan desgastado Don’t Worry, Be Happy. Cada vez que lo escucho me dan ganas de ahorcar a alguien. Es muy cierto que en la vida no hace falta preocuparse, pero apliquémoslo al estar tristes, para que así puedas hacerlo toooodo el tiempo que quieras.
Propongo que combatamos el tan desgastado Don’t Worry, Be Happy. Cada vez que lo escucho me dan ganas de ahorcar a alguien. Es muy cierto que en la vida no hace falta preocuparse, pero apliquémoslo al estar tristes, para que así puedas hacerlo toooodo el tiempo que quieras.
#tristeyque
Nota posterior: Lo he intentado y no es nada fácil. ¿Con qué cara le vas a decir a alguien “qué padre que estés triste"? Al menos si la otra persona estuviera enterada tal vez podría entenderlo un poco mejor…
Yo creo que es muy válido estar triste, y para circunstancias difíciles como una pérdida, una derrota, etc. también veo muy sano tener un tiempo de "duelo", sin embargo, creo que no debemos enfrascarnos en tal emoción.
ResponderEliminarAntes era una persona que vivía depresiva la mayoría del tiempo, tanto que llegó a ser mi estado natural.
Ahora veo todo distinto. Dios ha cambiado mi vida y me ha enseñado que puedo acudir a Él. Él es quien me da consuelo ante mis errores y fracasos, así mismo, me ayuda y me guía a obtener lo que Él sabe que es bueno para mi.
Una vez leí que la felicidad o el éxito no son la meta, sino el camino; y creo que tienen razón. Ahora sé que el camino que quiero seguir es Jesucristo, y que Dios tiene muchas promesas para mi vida, porque Sus planes para mi son de bienestar y no de calamidad, a fin de darme un futuro y una esperanza.
Vivimos un mundo caído, donde la promiscuidad está a la orden del día y realmente no se puede confiar en nadie (y más en el ambiente gay), ni siquiera en tu pareja. Ahora sé que en Cristo todas las cosas son hechas nuevas, todo es distinto.
Cuando pones a Dios como el centro de tu vida, sabes que las personas te pueden fallar, porque son seres humanos y todos fallamos. Pero Dios nunca falla, Él siempre cumple y nunca te abandona ni deja mal a quien pone su esperanza en Él.
Ahora, cuando estoy triste por alguna situación, puedo acudir a mi Padre Dios y sé que Él me entiende y consuela. De igual manera, gracias a Él, ha puesto en mi camino a gente hermosa con la que puedo contar, amigos maravillosos y hermanos en la fe con los que puedo compartir lo que siento y lo que vivo.
Yo te invito a conocer de este amor que siempre es fiel, el amor que Dios nos da. Este amor que ha cambiado mi vida.
No te dejes engañar por aquellos que te dicen que Dios no te ama o te rechaza por ser gay o lesbiana. El amor de Dios es un amor incluyente que no hace acepción de personas.
Dios quiere cambiar tu vida, tocar tu corazón; no quiere cambiar tu orientación sexual.
Espero este mensaje sea de bendición para alguien. Reciban un abrazo, Dios les bendiga.
Dejo aquí la dirección de la congregación a la que asisto, donde se proclama el amor incluyente de Dios, donde creemos que todo aquel que pone su fe en Él no será condenado.
http://misioncristianaincluyente.webs.com
JESUS HUERTA
I said man, are you
ResponderEliminargonna be my girl?.. be sad, be happy, be yourself!
Gracias por el apoyo Jesús. Yo no creo en ese Dios, creo en el humano como responsable del curso de su propia existencia.
ResponderEliminarMe parece que el asunto es mucho más de fondo que darse o no la oportunidad de estar y de permanecer triste, es un asunto cultural. Como todo en nuestra cultura está estructurado para el consumo, todo está planteado en términos de hacerte feliz porque difícilmente te acercarías a comprar algo que te deprimiera.
ResponderEliminarLo que no se toma en cuenta en este esquema es que es prácticamente imposible ser feliz en una sociedad individualista, competitiva y mentirosa en la que permanente hay que estar demostrando para poder pertenecer, en la que lo que esencialmente somos debe permanecer oculto para evitar que nos lastimen o por miedo a no ser aceptados, en la que hacemos todo por sentir que pertenecemos, aunque eso signifique negar nuestra propia naturaleza.
Desde esta perspectiva, el asunto no es si nos permitimos estar o no tristes, sino que nos vemos obligados a ocultar la tristeza que nos provoca la falta de autenticidad, la falta de oportunidades para desarrollar una verdadera cercanía y de establecer espacios de intimidad con otras personas, la imposibilidad de aceptarnos como somos, la necesidad de estar buscando fuera algo que resuelva o de respuesta a ese sentimiento de ser insuficientes e inadecuados... Y nos vemos obligados a hacer esto porque el dolor se asume socialmente como un símbolo de mayor insuficiencia e inadecuación y por lo tanto, de mayor separación. Lo que esto no toma en cuenta es que el dolor es uno de los principales motores que tenemos para seguir buscando y seguir creciendo; que es lo que nos permite hacer valer los momentos simples para que sean significativos y para que le den sentido a la vida, que es en donde encontramos el temple para permanecer vivos sabiendo que el intento vale la pena, que es el impulso para no darnos por vencidos y el motivo para seguir tratando de construir espacios en los que podemos ver a los otros sin pretensiones y también nos dejamos ver sin pretender, por el simple gusto de hacerlo.
En fin... es un tema vasto como para agotarlo en un comentario, sólo quería compartir algunas de las reacciones que surgieron al leer esta nota. Don't worry, be sad if this is who you are right now!
Algo extra que recientemente me quedó claro es que la sociedad no exige personas felices... exige algo peor: que finjas que eres feliz, sin importar si lo eres o no. Es la única manera de demostrar que el esquema que nos vende es adecuado. Y la verdad verdadera es que solamente hay chance de sentirse en paz, pleno y feliz (y eso por momentitos) haciéndose a un lado de esa oferta y asumiendo profundamente los costos y consecuencias de no participar de los esquemas sociales de 'éxito', aceptando lo que implica el ser marginal a una cultura que estructuralmente está imposibilitada para permitir a las personas ser lo que son, tomando de la dinámica social lo que pueda ser útil y/o divertido en el proceso y provocando espacios de construcción de una nueva conciencia que nos abra posibilidades para ser.
ResponderEliminar